Cuando los adultos piden disculpas por haber cometido maldades en el trato de los otros, sus oídos vigilan con impaciencia las palabras del que disculpa.
Esperan una especie de sermón absurdo, un consuelo, palabras alteradas que les hagan creer que lo malo que trataron al otro de alguna manera tiene cierta excusa o mérito salomónico, frases que les hagan dar el empujón de ego para salir volando por los cielos, como comúnmente lo hacen...
Los niños que todavía lo son me parecen menos raros. Una simple disculpa blanca es mucho más fácil de digerir, no es tan "profundo", como los pensamientos de los adultos. Pero más común me es ver que una disculpa entre niños es generalmente llorarle el perdón al que hacía rato lloraba...
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